Un tejido que atraviesa los siglos

Los orígenes del Panno Casentino se remontan a la tradición lanera medieval del valle de Stia. Nació como un tejido resistente para pastores y viajeros, y con el tiempo ha ido evolucionando hasta convertirse en un icono de la industria textil italiana.

Este tejido, uno de los más representativos de las lanas del Casentino, sigue destacando por su identidad, estructura y carácter distintivo.

La historia centenaria del Panno Casentino

Los orígenes medievales

La tradición lanera del Panno Casentino tiene sus orígenes en la «stia» medieval: las condiciones climáticas y orográficas del territorio han vinculado de forma indisoluble el desarrollo de esta zona a la producción textil desde el siglo XIII.

La cría de ovejas, que ya existía en la época etrusca y romana, se convirtió en la actividad principal a lo largo del siglo XV, debido a la gran demanda de lana por parte del sector textil florentino.
Al mismo tiempo, cobró importancia la artesanía dedicada a la confección de orbace (el tejido con el que los monjes camaldulenses y los frailes de La Verna confeccionaban sus hábitos), aunque se limitaba a un mercado reducido debido a las restricciones impuestas por la República de Florencia.

El origen del Panno Casentino

El origen del primer «Panno Casentino» se remonta a 1537: este nuevo tejido tuvo un éxito rapidísimo. Sus características de rugosidad y resistencia conquistaron de inmediato a las clases populares, que (sobre todo en el caso de pastores, comerciantes y carreteros) necesitaban capas resistentes a las inclemencias del tiempo y al uso prolongado.

Restricciones y propagación

A pesar de lo tosco que eran los productos finales, este tejido del Casentino acabó por intimidar a algunos funcionarios florentinos con visión de futuro, que intuyeron su potencial de mercado gracias a sus precios competitivos: en 1616, una ley de Cosme II limitaba la venta del Casentino únicamente a las zonas de producción, impidiendo así de hecho su exportación fuera del valle.

A pesar de las presiones de los gremios y la hostilidad de los gobernantes florentinos, a lo largo de los siglos XVI y XVII, las batidoras de lana y los artesanos laneros siguieron extendiéndose por Stia, igual que por todo el valle: con el paso del tiempo, para satisfacer la creciente demanda, las manufacturas textiles se fueron transformando en centros industriales.

La revolución industrial del Casentino

A mediados del siglo XIX empezaron a surgir las primeras fábricas de lana, que iban a cambiar profundamente la propia historia social del Casentino.
Primero Stia (1830) y Soci (1848), y después Rassina y Pratovecchio, se convirtieron de hecho en importantes centros productivos, capaces de dar trabajo a cientos de habitantes.

En esta etapa, el tejido del Casentino sufrió una evolución revolucionaria: se perfeccionó su elaboración y se convirtió en una tela de lana pura y cálida, más ligera que la original.
Gracias a la innovadora técnica del «rattinatura», el Casentino adquirió ese «rizo» tan particular e inconfundible, una característica que aún hoy lo hace muy apreciado en la alta costura.

Color, identidad y difusión

El siglo XIX fue también la época en la que se impusieron los nuevos colores vivos, que fueron sustituyendo a la antigua gama de tonos apagados, como el gris claro, el gris ratón y el rojo.
A este respecto, cuenta la leyenda que el naranja y el verde intenso (que, según una famosa interpretación de D’Annunzio, «el fuego del atardecer y el verde de los bosques del valle de Arezzo» y que hoy en día se cuentan entre los colores más emblemáticos del Panno Casentino) fueran, en realidad, fruto de errores de teñido: los primeros usos del alumbre de roca como fijador, junto con tintes que no eran precisamente los adecuados, provocaron de hecho un curioso pero útil contratiempo: los dos nuevos colores, solicitados en un principio por los pastores locales y muy pronto también por las clases acomodadas, que quedaron deslumbrados por esa vivacidad tan original.

El éxito y el reconocimiento social

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el Panno Casentino vivió, en definitiva, un auténtico auge, hasta el punto de convertirse en un «símbolo de estatus» incluso para la alta burguesía, y se usaba sobre todo como llamativo y excéntrico traje de caza o de montar a caballo.
Basta con pensar que grandes figuras de la Italia unificada, como Bettino Ricasoli, Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini, no se resistieron al encanto de este tejido y, en varias ocasiones, lucieron prendas del Casentino.

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Un símbolo a lo largo del tiempo

Desde sus orígenes funcionales hasta su difusión en la alta costura, el Panno Casentino ha conservado una fuerte identidad estética.
Sus colores, textura y resistencia lo convierten, aún hoy, en un material reconocible y apreciado a nivel internacional.

El Panno Casentino, hecho de lana, se caracteriza por su superficie rizada, que se consigue mediante el tradicional proceso de «rattinatura». Este proceso le da al tejido una estructura compacta, capaz de proteger del frío y de mantener sus cualidades con el paso del tiempo.

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Más allá del Casentino: una selección de otros tejidos

Además del Panno Casentino, TACS utiliza una selección de tejidos que comparten la misma cultura de producción: atención a la materia prima, respeto por los procesos de elaboración y continuidad con la tradición textil.

Cada tejido, ya sea Panno Casentino, fustán o tweed, se selecciona siguiendo nuestra cultura de producción y se reinterpreta para darle un uso contemporáneo.

Fustagno TACS indossato